La Tierra no es plana, pero Evo no es redondo: la cobertura mediática de la crisis en Bolivia
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Tlaxcala, Tlax.
28/Nov/2019

ESTADO
 

Por Enrique Padilla 



Usted cree que la Tierra es redonda, ¿cierto? Bueno, yo también. Y sin embargo, en la era de las fake news, por lo menos 650
personas
 creen que la Tierra es plana. ¡Qué brutos!, debe pensar usted –con toda justicia–. Y sin embargo, yo le haría una pregunta. Si –como le ocurrió a un amigo mío– el conductor del taxi que tomó hoy le dijera que la Tierra es plana, ¿podría demostrarle lo contrario? ¿Qué argumentos o experimentos podría emplear para probar la obvia redondez del planeta?

Considerando que hay quien pone en tela de juicio algo tan básico como la redondez del planeta, imagínese ahora intentar convencer a otra persona en lo que respecta a asuntos más complejos, como digamos, las bondades de una política pública o los errores de un gobierno en materia de economía. Sin importar sus inclinaciones partidistas o su acervo de conocimiento, siempre habrá una versión contraria a lo que usted le parezca evidente, y pocas cosas ilustran tan bien lo anterior como el reciente debate sobre la crisis en Bolivia. Opinar es gratis: quizá por ello, personas que nunca han puesto el pie en el país andino, que no sabrían indicar dónde queda en el globo o que en su vida han reflexionado sobre el largo historial latinoamericano de autoritarismos e intervenciones extranjeras, defienden ahora a capa y espada que Evo Morales es un dictador y no tiene por qué permanecer en México, o bien –la versión contraria–, que es un nuevo mártir de la Operación Cóndor, sacrificado en el altar de los Estados Unidos. Pero entonces, si no somos bolivianos ni expertos en política internacional, ¿significa que no tenemos derecho a opinar?

Claro que lo tenemos, y en especial si vivimos sobre el lomo de esta inmensa bestia llamada América Latina. Pero además de a nuestra opinión, a lo que tenemos derecho es a recibir información veraz. Y eso hoy es difícil de encontrar, no sólo por las fake news, sino porque, como han comprobado diversos estudios, tendemos a aceptar sólo los discursos que confirman nuestras opiniones. Esto quiere decir que si usted sólo lee a los medios o columnistas que piensan de manera semejante, temo decirle que no está realmente informado. Peor si su única fuente de información es un tuit, un post de FB o un video “real”. Usted sólo está comprando –y repitiendo– una versión de los hechos, y en ese proceso, no es diferente de alguien que cree que la Tierra es plana.

Calma. Tampoco quise insultarlo. Ni quise insultar a los terraplanistas. Mi punto es que, a la hora de absorber información, y en especial en el terreno de la política, necesitamos tener en cuenta que toda noticia, tuit, columna o video “informa” con un objetivo más allá de sólo informar. Este objetivo puede ser, por ejemplo, apoyar o destruir el proyecto de un grupo que busca poder, o fomentar la resistencia a ese tipo de proyectos. O ganar credibilidad para llevar agua al proprio molino. Y por desgracia, distorsionar los hechos, o falsear de plano textos, fotos y videos es el pan nuestro de cada día. Entonces, ¿a quién creerle?

Bueno, volvamos al caso de Bolivia. Le confieso que, como usted, yo tampoco he tenido la oportunidad de visitar dicho país. Para obtener información dependo, por tanto, de intermediarios: medios periodísticos o grandes cadenas de noticias, o la opinión de académicos y colegas bolivianos y latinoamericanos. En la avalancha de discursos a los que he tenido acceso, creo posible reconocer cinco posturas –cinco versiones diferentes–:


1. Apoyo a Evo Morales.

2. Críticas a Evo Morales, que consideran su dimisión un golpe de Estado.

3. Una postura neutra, que se esfuerza por mostrar más de un ángulo de lo ocurrido.

4. Apoyo a la dimisión de Evo Morales, bajo la tesis de que cometió un fraude electoral.

5. Condena a Evo Morales, a quien se considera un dictador o un asesino cuya dimisión implica un regreso a la democracia.


Usted puede decirme, con justa razón, que no tiene tiempo de leer tantas versiones, o que Bolivia a fin de cuentas no le interesa tanto. Por ello, se me ocurrió que podría ayudarle con un ejercicio: realizar un resumen muy muy breve sobre la línea general que siete medios y sectores críticos han seguido en su cobertura sobre la crisis. Las he clasificado de acuerdo con la escala mencionada arriba. Usted sabe si me cree.


BBC (3)

Aunque alguna vez se le ha acusado de imperialista, el canal de televisión británico se ha esforzado por comparar las narrativas en disputa sin inclinarse por ninguna, ofrecer un contexto histórico y transmitir la voz de la gente de a pie. Vale la pena destacar un fragmento de uno de sus reportajes: “la polarización en el país llegó a tal extremo que todos los días se discute sobre quiénes son los responsables de la violencia, los seguidores de Evo Morales o sus detractores (…) Se responsabilizan los unos a otros de las muertes del viernes cuando todavía no hay evidencias que puedan conducir a los responsables (…) Otro de los factores comunes en la crisis vigente es la información tergiversada que divulgan los sectores que se encuentran en disputa (…) Mucha gente solo da crédito a lo que quiere creer”.


TELESUR (1)

El apoyo de esta cadena a Evo Morales es evidente en el tono con que están escritas las notas y reportajes de su cobertura. No duda en calificar a la crisis de golpe de Estado y mantiene una postura marcadamente crítica sobre el gobierno de facto de Jeanine Áñez, además de que denuncia las violaciones a los derechos humanos en que éste ha incurrido, así como la intervención de los Estados Unidos y la OEA en el proceso electoral.


CNN (4)

Salvo por sus columnas de opinión, cuya postura depende del autor invitado, este enorme conglomerado de noticias procura mantener un tono relativamente neutro en su cobertura; sin embargo, su respaldo tácito a la dimisión de Evo se evidencia en el amplio espacio dado a las declaraciones diarias de Áñez y a los críticos del exmandatario, como el líder opositor Marco Pumari. En general, se evita el uso de la expresión “golpe de Estado”.


NOTICIA CRISTIANA (4)

Dado el protagonismo que ciertos grupos religiosos han tomado en la vida política de países latinoamericanos como Brasil y México, resulta importante seguir con atención la línea que los medios afines realizan de los acontecimientos regionales. Noticia Cristiana presenta bajo una luz favorable la entrada del ultraderechista Luis Fernando Camacho con una biblia a la sede del gobierno boliviano, y destaca que muchos cristianos apoyan la caída de Morales porque
se oponen al comunismo
.
 Esta perspectiva se contrasta, sin embargo, con la postura de una alianza de iglesias evangélicas argentinas, quienes piden que no se justifiquen políticas partidarias ni actos violentos en nombre de Cristo.


FEMINISTAS BOLIVIANAS (2)

Desde portales como zur.org y alreves.net, académicas y activistas como Silvia Rivera Cusicanqui critican la hipótesis del golpe de Estado como algo que exonera a Evo de responsabilidad. Denuncian los errores y la represión que promovió siendo presidente; leen el conflicto como una lucha entre machos; exponen factores como el racismo, el extractivismo de los sindicatos mineros, y el colonialismo y el fundamentalismo de la oposición. Llaman a construir un diálogo desde las mujeres, aunque reconocen lo difícil que es construir alternativas pacíficas en medio del clima polarizado. “Hay una clase media que está lejos de la administración del Estado y no puede entender cómo con todos sus títulos no están administrando. Y no están por su incompetencia, por los años en los que vendieron y saquearon el Estado”, afirma Adriana Guzmán, quien considera la irrupción de la ultraderecha en el escenario político como “una segunda colonización”.


PROCESO (2)

En su número 2246, el semanario mexicano publica una condena el autoritarismo de Áñez y juzga la crisis como un golpe (aunque a veces el término aparezca entrecomillado), pero los periodistas a cargo del dossier sobre Bolivia también afirman que la caída de Evo se debió en gran medida a que perdió
la calle
. Enumeran los errores (el referéndum que desconoció, la falta de autonomía del Tribunal Supremo Electoral, el uso de la fuerza para reprimir opositores) que explican el descontento y la movilización popular. De igual forma, pone
en entredicho
 la versión del fraude difundida por la OEA y se señalan las limitaciones del escrutinio realizado por dicha organización.


PÁGINA SIETE (5)

Este periódico da un amplio espacio a noticias que presentan a Evo Morales bajo un cariz negativo; presenta supuestas evidencias del fraude electoral y alimenta la hipótesis de que la violencia desatada en el país se debe a grupos de choque armados y pagados por el MAS, el partido del expresidente. Incluso, mediante el artificio retórico de recurrir a Siri, se dice que Evo era un dictador, una opinión que también comparten algunos de sus columnistas. 


Resulta obvio que este breve análisis deja fuera muchos medios y sectores relevantes, como El País, The Guardian, las cadenas rusas RT y Sputnik, el portal argentino Página 12, el programa de Aristegui Noticias, y The Wall Street Journal –cuyos encabezados, aunque su contenido no puede leerse sin suscripción, ya dan idea de su línea editorial: “Morales Made Bolivia a Narco State”–. No hay remedio: la realidad es demasiado prolija, como decía aproximadamente Borges, quien también nos recuerda que, en la antigüedad, la esfera era “la figura más perfecta y más uniforme, porque todos los puntos de la superficie equidistan del centro”.

De lo anterior se deduce que, obviamente, Evo no es redondo: ni parece haber sido el perfecto líder indígena que algunos pintan, ni se le mira igual desde todos los ángulos. Ahora, si bien su caída parece haberse debido a una movilización popular legítima, también parece claro, a la luz de los eventos posteriores, que dicha circunstancia fue aprovechada por una facción que ha hecho gala de autoritarismo en sus obras y en sus discursos, al grado de cortar relaciones diplomáticas con otros países: algo que a todas luces supera los límites de lo que debería hacer un gobierno de transición. Ante la intervención militar que interrumpió el término del último mandato de Evo, yo no dudaría en hablar de la crisis como un golpe.

Pero más importante que mi opinión, es que usted se forme la suya a partir de comparar las distintas versiones presentadas. Quizá la enorme cantidad de las mismas le dejen aún más confuso, en cuyo caso sugiero que las interrogue. Pregúntese qué es más probable: que soldados cubanos y venezolanos disfrazados estén sembrando el caos en los pueblos de Bolivia, o que sean grupos de choque del MAS, o paramilitares que apoyan al nuevo régimen. Y también: ¿por qué la CNN concede tanto espacio a las declaraciones de Jeanine Áñez? O ¿por qué Telesur no hace un recuento crítico de los errores de Evo Morales?

Las respuestas no son tan simples, ni en blanco y negro como la forma del planeta. La Tierra, por cierto, sin duda es plana. Quiero decir: redonda.

 
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