SD | Chico Che: el hombre que fue overol… un recuerdo a 27 años de su muerte
Cabello largo, anteojos y bigote. No, no se describe un hipster, ni a John Lennon. Hablamos de Francisco José Hernández Mandujano, el hombre que se enfundó en overoles de mezclilla y piel, y desde Tabasco conquistó la música tropical en los años setenta y ochenta. Hoy, cuando se acerca el aniversario 27 de su fallecimiento, recordamos a Chico Che, un ídolo del pueblo.
27/Mar/2016

CULTURA
 
Víctima de un derrame cerebral a los 43 años, Chico Che, “el hombre del overol”, murió un 29 de marzo en la Ciudad de México, ahí su cuerpo fue velado pero su último destino fue, por supuesto, su natal Villahermosa. Atrás quedaron los días de fama, de shows en vivo y en la tv. Los LP’s y los discos de éxitos. Su viuda y su hijo cuentan cómo vivieron aquella época.

EL OVEROL

Francisco José Hernández Mandujano se mira al espejo en un hotel de Nueva York y dice: Pinche Chico Che, me das risa.

Su hijo le mira recostado en la cama en el anochecer neoyorkino y a lo lejos se ven algunos edificios que llaman rascacielos. Se oye música en español.

Chico Che se mira otra vez y repite como un incrédulo: Pinche Chico Che… me das risa. Se hace un silencio.

No se conoce porque algunos años atrás cargaba bocinas y cables en los pueblos del sur de México. En Playas de Catazajá, en Chiapas, él y sus músicos usaron un cayuco (canoa) para transportar los instrumentos de cuerdas y metales.

Por esta razón, contemplarse en el espejo es una mirada retrospectiva a los primeros años en que cantó entre pantanos y potreros.

Ahora, frente al espejo, se ha puesto un overol de piel fabricado para la ocasión. Sobre el overol, el atuendo que eligió para construir su imagen, una gabardina negra y un sombrero del tío Sam.

“Aunque me parezca a Dick Tracy pero siempre mi overol”, y se quitó la gabardina y el sombrero. Al dejar de mirarse en el espejo se ha puesto sobre el overol de piel un suéter de rayas azules.

Era la primera ocasión que un músico tabasqueño estaba en la Gran Manzana cantando en español música tropical con unos rasgos de rock.

El primogénito de Chico Che -que le mira desde la cama- comprende que el padre ya está en las grandes carpas, que es famoso y que atrás quedó el cruzar bocinas y cables en cayuco.

Hay dos versiones de cómo Francisco José Hernández Mandujano, Chico por Francisco y Ché por José, comenzó a usar el overol. En la década de los setentas, en México, ponerse overol era sinónimo de ser gabacho, venido de los yunais esteis, época en que el pantalón de mezclilla se utilizaba sólo para trabajos de fábrica o campo.

La esposa de Chico Ché cuenta que un día compró un overol y sintió que estaba cómodo. Se lo puso. Partió de casa. Cantó en un baile y al público le gustó.

—Ya no se sentía un menonita —dice la señora Concepción Rodríguez.

En las siguientes semanas, Chico Che le pidió a un sastre que le confeccionara otros overoles, unos modestos, otros con telas brillosas y uno más de piel.

—Mi compadre Chon le hizo uno de piel.

Es probable que el overol de piel lo haya usado en Nueva York a mediados de los ochentas. Es probable.

Esa primera vez que salió de casa (calle 7 en Villahermosa) con el overol, su mujer creyó que la gente pensaría en los inicios de una locura que lo llevaría a la ruina. No fue así.

La segunda versión la narra su hijo Francisco: Chico Ché fue obrero petrolero. Una noche cantaría con el grupo musical Los temerarios -lo haría después con Los bárbaros- en su natal Tabasco. En la víspera, un amigo “gringo” a quien llamaban Robert le regaló “cosas gabachas” y entre el cúmulo de objetos un overol, uno fabricado con mezclilla.

—Esa noche no tiene qué ponerse y se pone el overol de Robert.

—¡No vas a ir así! —le dijo en voz alta Concepción—. Sí oyó pero no le prestó atención.

Ocho horas más tarde, él regresaría a casa. Le diría al oído, mientras la hembra dormía, que el vestuario había gustado y que todos le miraron desde que entró al salón de baile.

A los pocos días, Chico Che sentenció:

Éste es el atuendo de Chico Che, no me lo voy a quitar.

Francisco asegura que el nacimiento del personaje Chico Che fue ocasional. Lo que sí reconoce es que su padre decía que un personaje siempre debía ser emblemático. Y citaba a Cantinflas, a Kalimán, a muchos.

—Pero la verdad es que no tenía qué ponerse.

Con los años, un hermano del saxofonista Eugenio Flores le hizo algunos overoles y otros tantos los fabricaron en Campeche.

Con estos overoles llegó a la Ciudad de México, la capitalsueño de los artistas y músicos. Le miraban raro. Pese a las recomendaciones de vestir de otra manera, Chico Che ya había adoptado -y se lo decían en la calle- un segundo nombre artístico: El hombre del overol. Una tarde se presentó en la empresa Televisa, estaba por iniciar el programa Siempre en domingo conducido por el presentador Raúl Velasco. El formato era cantar y ser entrevistado por el presentador que impulsó la carrera de muchos, y truncó la de otros.

—Oiga, ¿usted no se va a cambiar? —le preguntó Velasco a manera de orden.

—No, éste es mi vestuario —respondió el hombre obeso, pelo largo y de lentes gruesos.

Foto: Álbum familiar/Especial

Chicho Che y su grupo La Crisis, en acción. Foto: Álbum familiar/Especial

Para los hijos de Chico Che, presentarse en televisión nacional era ir contra todos los pronósticos. Más, si se trataba del poder que amasó por muchos años Raúl Velasco. Su hijo Roberto Carlos Mandujano no olvida este episodio.

Una semana después de la muerte de Chico Che (29/03/1989) Velasco dedicaría unos minutos de Siempre en domingo para lamentar su partida repentina. Diría: fuiste genuino, auténtico. Contaría, además, la primera ocasión que estuvo en Televisa: Octavio Esquerra lo vio vestido así y le dijo vamos a salir al aire, ya cámbiese… y luego de un silencio El hombre del overol dijo cuatro palabras: “yo siempre salgo así”. Diecisiete letras bastaron para dar respuesta. Pero, al principio “no quería que Chico Che tocara” precisa Concepción Rodríguez.

Al fallecimiento de José Francisco Hernández Mandujano ninguno de sus tres hijos se puso el overol para continuar con el legado. Hace poco lo hizo un nieto en un festival escolar.

Un representante artístico le pidió al hijo mayor escenificar a Chico Che. No aceptó. Aquella tarde neoyorkina Francisco Jr. descubrió que el personaje del padre había adquirido un valor insustituible. Lo supo desde que lo vio mirarse al espejo y éste repetía “Pinche Chico Che, me das risa”.

—Yo no me puse el overol para ser un chusco

—Menos por dinero

—Me quedó grande el overol

A propósito de edificios y rascacielos, un día Chico Che tomó del brazo al saxofonista Eugenio Flores y le pidió mirar por la ventana del hotel Palace. Repetiría una frase que se volvería realidad: Mira, el monstruo de concreto, algún día será nuestro.

A su esposa se lo diría de otra manera aquella tarde en que ambos miraron el equipo y los instrumentos de Marco Antonio Solís, El Buki: Conchita, algún día, algún día.

Dos años después ya estaría en giras nacionales y extranjeras compitiendo con su rival norteño Rigo Tovar y comenzaría la discografía de Chico Che y las canciones que repetían -en las letras- la desaparecida letra CH (che) como De quen Chon que en castellano era De quién son.

EL PRELUDIO

En el imaginario de Gabriel Hernández Llergo veía a Francisco José ejercerse en la abogacía. El sueño del abogado se esfumó en los días en que Chico o Ché se le metió esa idea de ser músico. De rock.

—En Derecho siempre estuvo, pero de la música —dice su viuda.

Primero debutó con Los bárbaros y después fue músico de Los temerarios. Un comienzo repleto de adversidades.

Nadie le conocía. Pocos le habían oído. Era el momento de abrir la brecha entre trillas y pantanos. En sus primeras giras por los pueblos de Tabasco conoció a campesinos y ganaderos. A manera de broma Concepción Rodríguez afirma que eran los tiempos en que no había dinero para comprar un camión y en donde la única alternativa para transportar el equipo (bocinas, instrumentos y músicos) era una redila de camioneta.

—Iban como vacas.

Rodríguez cree que Chico che era un hombre tenaz y terco. Esta terquedad le permitió resistir, conocer la planicie de Tabasco, las montañas de Chiapas, los pueblos de Campeche y los vaivenes de Veracruz. Años después habría de recordar el día en que Chico Che le prometió mejorar su condición de vida.

A la ciudad de México llegaron las primeras noticias de que un “peludo” llenaba las plazas, los parques y los salones de baile. Que con su música la estaba armando “a lo grande”. Esto lo supo Jesús o Chuchó Rincón y un día, así nomás y sin avisar, se presentó en Villahermosa. Unas semanas más tarde se hizo el representante de El hombre del overol.

Mucho antes de la aparición de Rincón, Francisco José vivía a través de solicitudes de crédito. Incluso, en Veracruz, le financiaron muchas veces para comprar instrumentos musicales y bocinas. Este financiamiento lo recibió en una casa musical de nombre Vasconcelos que estaba en la ciudad de Coatzacoalcos.

—No teníamos lujos.

Ni había oficina. En la década de los setentas, cuando funda su grupo musical La crisis, los ensayos se realizaron en la casa de Chico Che, una vivienda modesta en la que se priorizaba la compra de bocinas y cables en vez de adquirir muebles para llenar una sala vacía.

Los caminantes de la calle 7 preferían perder el autobús que los llevaría a sus colonias por escuchar y ver el ensayo de Chico Che y La crisis. Podría decirse que muchos pagaban no por bailar la música “del peludo” sino por mirar, contemplar y testificar el crecimiento de lo que ya se consideraba un fenómeno.

En la radio, Chico Che ya estaba posicionado como artista local. De pronto, una voz grave invitaba al próximo reventón musical:

Baile, goce y diviértase en la pista del club Sonorama con la presencia del ídolo de Tabasco: Chico che y La crisis. Este anuncio se repetía unas veinte veces por cada estación radiofónica. Se pagaban planas en los diarios y decenas hombres pegaban carteles en los arbotantes de energía eléctrica y teléfono. Era el inicio de Chico Che como músico y también como padre. Su hijo Francisco nacería en 1970 rodeado de bafles, pedestales, guitarras, bajos y consolas de audio. Por este mismo año se fundó el grupo La crisis.

Francisco, el primogénito, desarrolló la habilidad por instrumentos de percusión. A la batería le llamaba Tilili. A decir de la madre, él tocó el Tilili en un baile en el parque Juárez de Villahermosa. Tenía sólo cuatro años.

Sin embargo, Francisco jura que el instrumento que ejecutó esa vez fue un pandero. Lo hizo mientras miraba a Chico Che y éste le pidió hacerlo frente todos.

—Me dio miedo y me regresé detrás del bafle.

La razón: “allá es el lugar donde me gustaba estar”.

Desde el rincón del bafle marca Yamaha, el hijo miraba con atención los ademanes y ese momento “especial” de cómo un cantante interactúa con el público que baila y corea sus cantos.

En 1975, Chico Che y sus músicos ya no viajan en redila. Ha mejorado la economía y alcanza ya para comprar un camioncito. Ahí viajan todos sin importar que el piso del camión esté roto. Era como mirar a los Picapiedras en el momento en que sacaban los pies del troncomovil.

Aquí nadie sacó los pies pero sí veían las condiciones del camino. En este camión algunas veces apareció Francisco, el hijo mayor. En la casa de Villahermosa lo daban por perdido pero -como acto de magia- era hallado en el vehículo entre maletas y cajas de bocinas.

Al principio le reprendieron. Imagínese usted que eran los años en que no había forma de comunicarse más que usar un teléfono en una caseta.

Francisco tenía siete años y desde entonces, sin permiso y con él, se hizo el acompañante del padre. Conoció su sensibilidad, disfrutó su crecimiento, grabó sus risas y testificó cómo los bailes estaban a “reventar”.

—Me impresionaba cómo a un movimiento de él, la gente respondía con euforia.

Su viuda muestra recortes de periódicos. Foto: Álbum familiar/Especial

Su viuda muestra recortes de periódicos. Foto: Álbum familiar/Especial

Con los años, el panorama de la familia cambió: compraron enseres domésticos, regalos, autos y el nivel de vida era holgado que había dinero para ya no ir a escuelas públicas sino a escuelas de paga.

A Francisco le gustó la idea. Cuando se sentaba en las piernas de Chico Che disfrutaba que éste le volteara los brazos porque, decía, los tenía quebrados o chuecos.

El éxito llegaba pero con ello, también el distanciamiento.

—El éxito nos alejó —dice Francisco a 25 años de la muerte de Chico Che.

Harley (en tercer hijo de la familia y llamado así por la afición de Chico Che por las motos), de su padre sólo puede decir que fue cariñoso. Recuerda poco. El día en que el patriarca murió era un niño.

Pero, cómo fue que Chico Che halló un gusto por el rock y después se inclinó por cantar música tropical, música bailable en el centro y sur de México.

Su dominio por el inglés le facilitó escuchar a

Mike Jagger y Jim Morrison. De hecho, él siempre quiso ser un rocanrolero.

Cuando fundó La crisis parecía más un grupo rockero que tropical. Con el tiempo, incluyó metales (saxofón) y un guitarrista traído de Estados Unidos: Nacho Leyva.

—Lo rocanrolero siempre lo tiene —dice Francisco.

Roberto Carlos Hernández, el segundo hijo, ha investigado un poco sobre el estilo musical de Chico Che: era un híbrido, la inclusión de la guitarra se oía como huapango. Fue un estilo variado pero no era ni salsa, ni cumbia, ni merengue, pero cada músico le aportó ideas en los ensayos.

En una entrevista con la conductora de televisión, Talina Fernández, Chico Che explica que se trata de una música tropical clásica mezclada con requinteo, metales y rocanrol. Y la llamó música moderna.

Su música, le dijo Fernández, es tropical y eléctrica.

—Tu padre ¿fue un cronista de las historias de Tabasco?

—Más bien, un músico con un estilo auténtico, único y variado. Siempre propuso el golpe de la batería, el sonido del sax y el requinteo de la guitarra, la distorsión y el flanger.

Con los años, con la muerte de Chico Che, su música se fue reproduciendo en su mismo formato y en otros. Le ha cantado el grupo Molotov y sus letras han sido elevadas a los altares de la música clásica con algunos arreglos.

Pero, en qué se basa el éxito musical de Chico Che. Roberto Carlos lo resume de esta manera: porque supo comunicarse con la audiencia. Logra la comunión para que el pueblo y los humildes, le adopten como su hijo. Cuando le llega el éxito, Chico y Ché “ya tenía ganada toda una fanaticada”.

Hay algunas canciones que hasta nuestros días se citan para escribir artículos periodísticos o comentarios en radio y televisión. Por ejemplo: Quien pompó (Quién compró). Los tabasqueños y mexicanos, la utilizan para saber quién le ha comprado estos zapatos, aquellos vestidos, a una mujer que de pronto comienza una euforia por enseñar sus nuevas prendas de vestir.

—Tiene una idea clara y habla de lo que está pasando en el país —. Lo dice porque llegó a cantar “pero la Reforma agraria va, de todas maneras va”. En una amplia crítica a lo que acontecía en el país con el reparto de la tierra.

A 25 años de la muerte de Chico Che, en voz de su hijo Roberto Carlos, nadie ha podido “ni de cerca”, tomar su relevo.

Menos sus hijos que mantienen una distancia con el personaje. Para la gente, él era el ídolo, para ellos, el papá:

—¡A poco es tu papá! —le preguntaban en la escuela a Roberto

—Pues sí.

LA RISA Y EL CAOS

Ya era famoso. Un día Chico Che estaba en Los Ángeles, California. Lanzaba pelotazos el pitcher mexicano Fernando Valenzuela en el momento en que un fanático gritó entre las gradas: ¡Chicocheeeeeeé! Y todos miraron al hombre del overol. Desde entonces, un ojo miraba al lanzador, y el otro, al músico. Mujer e hijos comprendieron que el hombre de la casa ya le pertenecía a muchos. Era la década de los ochentas.

En Plaza de Armas de Villahermosa, apareció Chico Che. A lo lejos, unas mujeres también gritaron: ¡Chicocheeeeeé! Y se abalanzaron sobre su cuerpo. El overol blanco quedó percudido. Anillos, cadenas y el reloj nunca fueron encontrados. A cambio de acercarse a él, las mujeres le lanzaron prendas y cartitas. Esto en Tabasco.

No era de uso común la palabra clonación pero en la ciudad de México los fans se vestían como él. Le imitaban. Chico Che participó de jurado en concursos llamados “El doble de Chico Che”. La Chicochémanía contagió a muchos. Hasta nuestros días aparecen los doble de Chico Che.

El éxito de Chico Che inició al grabar el disco Los nenes con los nenes (1978) y continuó con De quen chon. Sin embargo, no quería cantar esta canción. Entre pleitos, unas cuantas bebidas, la grabó, una propuesta de su representante Jesús Rincón. Abandonó el estudio y al regresar, ya con los efectos del alcohol, grabó De quen chon, la última canción para completar el disco. Rotundo éxito. El hit nacional. Esto provocó giras y conciertos. A la presentadora de televisión, Verónica Castro, le decía: “cantaré los éxitos que le han dado fuerza a mi carrera”. Hablaba de los últimos 7 años antes de morir en 1989.

“Cómo voy a grabar esto, que la payasada”, decía él…

En Teapa, Tabasco, una muchacha está emocionada porque conocerá a Chico Che. Es decir, le verá y escuchará cantar. Pero no tiene vestido. Un alma caritativa le da prestada una prenda. Se la pone de última hora. Por las prisas, por la presión de los amigos que le gritan “ya es tarde”, plancha el vestido que ya lleva puesto. Se quema el vestido, se quema ella. Le duele. Con el vestido roto, se unta algo de crema o pasta en la quemadura; así se presenta al baile.

Francisco Jr. se sorprende por el fenómeno que representa el padre. En villa del Mar, Veracruz, está repleto el salón de ventanas y puertas con grandes cristales. Nadie cabe adentro, nadie cabe afuera. Hay miles que esperan al hombre del overol en la zona costera. Chico Che se aparece entre la multitud y le tocan.

Otro día se presentaría en el California Dancing Club, en la delegación Tlalpan. Chico Che y su hijo mayor -quien después sería su chofer- iban sobre la avenida. Los autos circulaban a vuelta de rueda y nadie sabía, ni ellos, el porqué del caos. Chico Che se asomó por la ventana y preguntó:

—¿Qué pasa allá?

—Es por un tal Chico Che —le dijo otro automovilista.

http://www.sinembargo.mx/27-03-2016/1639777

 
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